puerta

El enfado en el cuadrado

La cobardía de algunas personas, sobre todo cuando es respecto a defender derechos de menores, es algo que no puedo soportar. El enfado se apodera de mí. Y me enfada porque lo veo desde mi punto de vista, desde mi vida, desde mi realidad. Cuando me abro a entender la reacción de la otra persona, todo se suaviza por dentro. Por lo que si estoy SOLO en mí y no me abro a comprender, sufro.

Sufro porque solo veo mi cuadrado de lo que creo que es verdad. El cuadrado es como una habitación que tiene la puerta abierta y del que decido no salir (a veces porque ni siquiera me he fijado en que hay una puerta porque estoy demasiado entretenido con mi cuadrado). Lo peor de todo es que me quejo de por qué me pasa esto y eso hace que todavía me enfade más. ¡Muy fuerte!

Abrirme al otro no es darle la razón o estar de acuerdo, es darme cuenta de que la otra persona está en su cuadrado y actúa desde ahí. Lo hace de la mejor forma que sabe hacerlo y al darme cuenta de esto, no me tomo sus acciones como algo personal conmigo, sino como algo personal consigo mismo/a, y le devuelvo la responsabilidad que tiene. Así, me quito cargas que no me corresponden y desde ahí tomo mejores decisiones ante lo que está ocurriendo.

Entonces, el enfado lo vivo de otra manera. Es el motor de cambio desde otro lugar en mí. Sonrío internamente y me doy cuenta del juego de la vida.

La historia no acaba aquí. Me enfadaré de nuevo desde mi cuadrado.

2 thoughts on “El enfado en el cuadrado”

  1. ¡Qué enfoque tan refrescante y práctico para gestionar las emociones en el ámbito educativo! Como padre y profesional del sector, he estado buscando herramientas efectivas para trabajar el enfado con los niños, y este método del «cuadrado» me parece brillante en su simplicidad y profundidad. La manera visual y estructurada que proponen para identificar y canalizar la ira es justo lo que necesitaba para ayudar a mis hijos y alumnos.

    Me ha encantado especialmente cómo transforman el enfado de un problema a una oportunidad de aprendizaje emocional. La analogía del semáforo (parar, pensar, actuar) es genial para trabajar con pequeños, y los ejemplos concretos de aplicación en el aula demuestran la efectividad del método. Como hombre que creció en una generación donde las emociones se reprimían, valoro especialmente estos recursos que enseñan a gestionarlas de forma saludable.

    El artículo logra algo difícil: ser profundo sin ser complicado, práctico sin ser simplista. Ya estoy implementando esta técnica en casa con resultados sorprendentes. ¡Un recurso valiosísimo para padres y educadores! Compartiré con mis compañeros docentes.

    1. Muchas gracias por tu comentario. Me alegra muchísimo leerte especialmente por los resultados que dices te está dando. Tengo la misma impresión que tú cuando trabajo con alumnado. Lo siento por responder tan tarde. El blog está un poco abandonado y cuelgo contenido habitual en Instagram en estos momentos, por si te interesa ver más cosas.

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